El confinamiento no ha estado tan mal

por Isabel Herrero

La verdad es que el confinamiento no ha estado tan mal. Recuerdo los primeros días, me podía la incertidumbre, estaba «fuera de juego». De repente en casa, sin nada que hacer, rota la rutina que tenía hasta entonces. Enfadada a veces con el mundo por aprisionarme de esa manera.

El otro día hablando con un amigo por teléfono me decía lo mismo. Pero la verdad es que pasados esos primeros días, no me ha venido nada mal este parón. No había más que hacer que afrontar sin querer esas cosas que habías ido dejando aparada en la rutina, en las prisas, en las cosas urgentes, que no por ello importantes.

He cambiado personalmente gracias al confinamiento. Espero que para mejor. De cualquier modo he cambiado, he puesto el énfasis en cosas que antes tenía soterradas en esa rutina.

¿Qué cosas he cambiado durante el confinamiento?

  • He puesto límites en casa. Discusiones que dejas a medias, pero que se quedan como un dardo ahí clavadito durante el día, pero que luego con las cosas del trabajo lo vas dejando olvidado. Ahora he tenido todo el tiempo del mundo para discutir cuando ha sido necesario, para fijar límites. Y los límites siempre llevan al respeto de uno mismo y de los demás. Pasada esa fase de fijar límites ahora conozco mejor a las personas con quien convivo y ellos a mí.
  • Me he puesto a escribir. Algo que tenía ahí siempre en segundo plano. Ya sabes, lo práctico, siempre aplasta el tiempo para la belleza, para ese lado más intelectual. Y es que el tedio, he descubierto que es muy bueno. Ha sido bueno aburrirme para reconocer esa parte de mí que tenía oculta. Y la estoy disfrutando muchísimo. Reconocer esas partes de uno, hacen nuestra vida más amplia.
  • He vuelto a disfrutar de arreglarme. ¿Quién lo diría? Estando todo el día en casa. Debería ser lo contrario. Pues no. En ese aburrimiento de repente me he dado cuenta de esa parte que también tenía oculta por las prisas. Casi no me ocupaba de mi ropa, de arreglarme, de gustarme, por ir corriendo a trabajar, a realizar las tareas del día a día. ¡Ahora me pinto los labios todos los días! Sí, para estar en casa. Cosa que antes nunca hacía para ir a la oficina. ¡Y qué placer sentirme guapa para mí!
  • He comenzado a hacer comidas ricas, disfruto de combinar bien alimentos en cada comida. Me cuido más, pero no por mantener la línea, sino por sentirme bien.

Es increíble cómo en el día a día, en las prisas parecemos casi sombras que van y vienen. Las prisas nos hacen sus presas, y es como que olvidamos nuestra identidad, nuestra esencia.

La verdad es que este confinamiento me ha venido bien para encontrar esa esencia mía propia. Como decía el emperador romano Marco Aurelio en su libro «Meditaciones» siempre podemos volver a esa «ciudadela interior» de paz e imperturbabilidad, desde la cual podría luchar con mucha más eficacia contra todos los desafíos que tuvo que enfrentar, incluyendo la peste, las invasiones y las traiciones.

Me encanta. Totalmente de acuerdo. En la sociedad en la que vivimos en ese día de a día de prisas tenemos tantas distracciones que nunca podemos pararnos para volver a esa «ciudadela interior». Este confinamiento sin quererlo nos obligado a ello. Sin darnos cuenta. En muchos casos sin ser conscientes que en ese aburrimiento en el que hemos estado en muchos casos hemos podido volver a ese lugar de paz e imperturbabilidad.

 

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